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A las 6 y pico

Niña luna

Niña luna

No solo se dedico a mirarla durante toda su existencia,
sino también, en ocasiones, se camuflaba entre sus manos
y entre sus llantos sabiendo que algún día
se la llevaría consigo para siempre.

Así la luna, hechizó a la niña,
con un magnetismo que sólo ella es capaz de provocar,
incapaz de mantener por un solo instante,
mirando a través de sus ojos.

Cobijada en las paredes

Cobijada en las paredes

Con tu ausencia la existencia quedaría desnuda
como tallo de una raiz que no florece.

Amé tu vientre, donde dormí cuando solo fui carne
cobijada en las paredes,
del suave útero que devuelve herencias.

Continuo meciendome en la cuna de tus brazos
aunque no lo sepas, aunque los besos
se confundan con la funda de la almohada
y no sepan cambiar de rutina.

Perdóname si no supe hablarte
si inhundamos las paredes de lágrimas
desde distintas habitaciones,
si no supe encontrar maneras.

Continúo como uña de tus manos crecientes,
que necesitan tus dedos para sostenerse.
No dejes que las penumbras inexistentes
desaten lazos de cordura.

Utopía

Abrir la llave de este infierno,
encontrar el veneno que me lleve a mi utopía.
Donde la luna y el sol
vuelvan a hacer el amor en un eclipse.
Donde no existan palabras grotescas
porque ya nadie tenga que pronunciarlas.
Donde un niño pregunte a su mamá
¿Qué son las guerras?
y la respuesta de ella mencione solo el pasado;

- Cariño, esa palabra ya no existe,
Las guerras se extinguieron hace ya muchos años-

Y la violencia se extinguió también,
quedando en miradas pasadas
destruidas por la sonrisa
de aquel niño, que despertó
sin los ojos nublados.

CONFESIÓN

CONFESIÓN

CONFESIÓN

Cuando Tino despertó de un agitado sueño después de una noche de pesadilla, no le fue agradable mirar el reloj y comprobar que ya era la hora de levantarse: se sentía un poco cansado y necesitaba algo más de reposo para comenzar el día con renovado optimismo. No obstante, como estaba enamorado de su trabajo y lo hacía con verdadero apego, casi sentía la necesidad de esbozar una sonrisa. Pero cuál no fue su sorpresa cuando pudo comprobar que era domingo y no tenía que trabajar. Así pues, se volvió a meter en la cama, y sin poder evitarlo, se le pusieron en marcha todos los mecanismos de la mente.

Lo primero que empezó por preguntarse fue lo siguiente:
-¿Si volvieras a nacer seguirías el mismo camino, o modificarías algunos aspectos de tu vida?
-En ningún caso seguiría el mismo camino y trataría de vivir más intensamente una nueva experiencia. Y en lo que a mi vida sentimental se refiere, lo borraría todo de un plumazo, cultivaría más el amor, y lo bebería sorbo a sorbo para embriagarme cada día.

-¿Has hecho algo en la vida de lo que te sientes arrepentido?
-Hay muchas, muchas cosas de las que me arrepiento, pero hay una en especial: no compartir mi vida con la mujer que guarda la clave de mi felicidad.
Me arrepiento de haber malgastado mucho tiempo en divagaciones y frivolidades que no me aportaron en su día otro bien que la satisfacción del momento, a costa de descuidar otros valores y enseñanzas que la vida nos ofrece y que despreciamos cuando somos jóvenes, porque no tenemos un concepto definido de la realidad. También me arrepiento de haberme dejado llevar en determinados casos por el corazón y no por el cerebro: la vida me ha enseñado lo que no se puede aprender en los libros. Y es que hay que dejar espacio al sentido común antes de tomar una decisión. Y si la decisión es muy importante, siempre hay que decidir desde una perspectiva de neutralidad y nunca como resultado de una ofuscación, miedo o resentimiento.

-¿Si tuvieras que hacer una valoración de tus logros personales sobre un baremo del 1 al 10, ¿qué puntuación te pondrías?
-Soy por naturaleza escéptico e insatisfecho que no me identifico definitivamente con la orientación moral de la sociedad moderna, en la que el becerro de oro se antepone a la dignidad, como si la vida fuera una competición de insultos y una juerga de poderes, para desgracia de todos. No obstante, en lo que se refiere a relaciones sociales y autoestima, me pondría un aprobado alto, el resto es la verdadera causa de mi frustración, con la agravante añadida que difícilmente podrá ser corregido,

-¿Entonces se puede decir que tienes razones para dormir en paz?
-Puedo dormir en paz porque no estoy en deuda moral o material con nadie, pero duermo con un ojo abierto y otro cerrado para que la dignidad no se me escape y por miedo a que pase mi amor y no me percate de su presencia.
Cayetano - Goreño

La mujer gaviota

La mujer gaviota

Me dijeron las comadres que siempre cuentan aunque no quieras saber que estaba aquejada del mal de las despedidas , pero hice oídos sordos atraído por el azul de esa mirada que nunca se fijaba en otros ojos , en otras pupilas .Cada mañana la observaba en silencio desde mi ventana mientras ella paseaba por la orilla del mar fuese invierno o verano , lloviese , hiciese calor o frío , sol , viento o calma. Sus labios nunca paraban de susurrar y el sonido de sus palabras se confundía en la distancia con el murmullo hoy , mañana rugido , del mar. Al atardecer , cerrados los ojos y la cabeza hacia el cielo , alzaba los brazos en cruz y con los pies separados sobre la arena que comenzaba a enfriarse esperaba a las gaviotas que se acercaban a jugar con su pelo .Parecía tan ligera que temí en multitud de ocasiones que el viento la arrastrase hacia el mar como a una cometa , sin saber cuán exacta era mi comparación porque , como a una cometa , algo hacía falsa la libertad de su vuelo anclándola a suelo firme , algo la impedía volar como a esas gaviotas que se convertían en puntos sobre el horizonte . Era la necesidad de decir adios a todo lo existente , a cada ola del mar , cada amanecer , cada crepúsculo , a la estrella del sur que ha guiado tantos pasos a través de los siglos , al tiempo que corre a veces veloz , a veces despacio pero nunca a nuestro antojo...La última vez que la ví corría descalza tras los perros de mi deseo y , aunque no me miró , supe que tenía los ojos anegados en lágrimas .

Gringo viejo

"Como usted sabe,de todas las criaturas que habitan sobre la superficie de La Tierra, el Hombre es la más desgraciada; está condenada a llenar un vacío que sólo puede completarse entre dos personas. Algunos llaman a este vacío amor y es desesperadamente imposible de satisfacer. Pero quiero engañarme a mí mismo una vez más; volverme a sentir intrigado, ilusionado, apasionado...
Y aunque yo no sé si esta sería su primera vez, me gustaría invitarla a participar conmigo en la que de seguro será, mi última vez.
Piénselo, no tiene por qué contestarme ahora."

"Gringo viejo" Carlos Fuentes.

César y yo

César y yo

Éste es César, (el de las plumas, a la derecha) y acaba de cumplir diez años en febrero. Todo lo que conté en el cuento es cierto, y aún hay más, pero hubiera sido un tanto inapropiado contar cómo me arrastra el ala por toda la casa, cómo intenta sorprenderme cuando estoy distraída (bueno, a mis pies); es que, como lo crié desde pequeño, no tiene idea de qué especie es, y pues cree que es un tío (o que yo soy una tórtola, no estoy muy segura)
A veces me trae trozos de periódicos para que haga un nido (porque lo crié en un nido de papel) y se lo hago, pero lo malo es que luego se echa y espera que yo ponga un par de huevos en él, cosa que no creo muy probable que suceda. César nunca pierde oportunidad de demostrar que es el macho dominante de la casa, corriéndome a aletazos cuando algo le molesta (que me ría cuando está en mi falda, por ejemplo, o que estornude cuando está dormido en mi barriga ¡y ni qué decir de ponerle la mano encima cuando no está dispuesto, o sacármelo de encima cuando me está acomodando el pelo, con una onda punk!). Yo corro para darle el gusto, pero como está hecho para volar más que para correr, la mayoría de las veces termina rodando y dándose el pico contra el suelo, lo que lo encabrona aún más. Pero eso no quita que, a los cinco minutos, esté llamándome a los gritos como si nada, con el buche inflado y la cola para arriba, abriéndola en abanico al son de un cantito que ya me sé de memoria.
Y así, dulce, gracioso, jodido, ciclotímico, es mi amado plumoso Ave César. :)

Palabras

Palabras

Puerta
Incertidumbre
Camino
Nada

Pies
Dolor
Brújula
Sudor

Rutina
Miedo
Carga

Llanto
Impotencia
Sur
Destino

Insomnio
Estrellas
Humo
Vacío

Rutina
Miedo
Dolor

Frío
Soledad
Corazón
Alba

Lluvia
Rabia
Lágrima
Barro

Rutina
Miedo
Hastío

Pan
Lluvia
Moho
Sueño

Ruta
Coche
Palabras
Silencio

Rutina
Miedo
Decepción

Ilusión
Sangre
Muerte
Luto

Tierra
Hades
Gusanos
Tierra

Rutina
Miedo
Nada
Nada

Por los pelos.

"(...)
D.Pedro ¡Matadle!
d. Juan ¿Quién os engaña?
Resuelto en morir estoy,
porque caballero soy
del Embajador de España. (...)"

__Tirso de Molina en "El burlador de Sevilla"__

Raquel se encuentra en su habitación, fumando sustancias adulteradas. De repente, entra su madre sin avisar, la muchacha comienza a hacer aspavientos con los brazos, pretendiendo así que la humareda salga por la ventana...

Madre: ¡Qué olor tan extraño Raquel!
¡Y procede de tu cuarto!
Raquel: Pues yo sólo huelo a gel,
si es que me duché hace un rato.
Madre: ¿Y qué es toda esa humareda?
Raquel: Ehh, nada, que he quemado incienso.
Madre: Vaya incienso que marea,
esto es sospechoso pienso.
Raquel: De eso nada mi madre,
por Dios, vaya usted tranquila
Madre: Sí, pero no te desmadres
Raquel: Que no, y tómese una tila
Madre: Oye, ¿por qué hablamos así?
Raquel: No sé usted, yo estoy fumada.

Intento comprender

Intento comprender

Solo . Rodeado de gente que habla , que ríe , que mira , que ve , que oye , que escucha . Miro sus ojos , sus labios , manos y bocas que se mueven y paran , gesticulan y vuelven a parar .Intento comprender , entender , aprender , descifrar ese código oculto que les permite tocar , amar , luchar , entenderse...Miro con la concentración de un niño que ve por primera vez el mar y consigue abarcar en su inocencia el sentido de la inmensidad. Descompongo los rostros en números de un código para mí oscuro y secreto . Hago combinaciones de sonrisas y miradas una y otra vez , y me busco en cada una de ellas , sin encontrarme. Cada día , por un instante , tengo la certeza fugaz de que el oráculo se reveló ante mí , pero la certidumbre se deshace entre mis dedos como la arena del reloj que me vive y que no quiere detenerse , que me observa descarado mientras hago como que vivo .Pero no vivo. Respiro por tu ausencia y late el hueco que ocupa en mi corazón .Vacío. Solo.

LA PALOMA

LA PALOMA

LA PALOMA

Viendo una paloma un día,
mientras en su nido estaba,
yo la miraba y pensaba
sin saber qué pensaría;

aunque sin saber sabía
que de mí desconfiaba,
sin saber que la miraba
porque admirarla quería.

¿Alguien no sintió algún día
desprecio o veneración
contemplando a un semejante?

Y yo le preguntaría:
¿Con qué justificación
se produce éste contraste?

Cayetano Bretones - Goreño

¿Me estás cargando?

¿Me estás cargando?
Esa expresión utilizan los argentinos cuando piensan que alguien pretende tocarles las narices o simplemente chinchar; cuando piensan que su interlocutor intenta sacarles de sus casillas. Al menos yo lo entiendo así, ya que nunca viví en Argentina y, para serles sincera, no conozco a demasiadas personas procedentes de aquellas tierras. Pero me estoy aficionando a su cine, con lo que me resulta difícil el hecho de pasar por alto ciertas expresiones, palabras, actitudes, etc., que me puedan resultar curiosas. Por ejemplo: ¿son tan maduros los niños argentinos como aquéllos que aparecen en sus películas? ¿ o acaso el acento influye en dicha impresión de madurez adelantada?
Si es que hasta me da por pensar, que si algún día tengo descendencia, desearía que ésta fuera argentina, al menos durante su niñez.

El otro día tuve el gustazo de ver la película “El sueño de Valentín”. Ese niño gafotas que vivía en la década de los 60 y quería ser astronauta (qué cosas), hasta que las vicisitudes de la vida le hacen cambiar de opinión (¿cuándo se vio un astronauta argentino en la época de los 60?) y decide que lo que en realidad quiere ser de mayor es escritor, en fin, como tantas otras personas…
Porque parece ser que se está poniendo de moda lo de querer ser escritor. El mensaje de Billy Elliot nos llegó como cambiado; ¿quiero bailar? ¡Nooo! ¡Quiero escribir!
Pero la vocación de escritor no suele ser algo que surja en la más tierna infancia; pregúntenle a cualquier niño: “ ¿qué quieres ser de mayor, chiquitín?.“
Les responderá: “dentista, bombero, futbolista”, incluso “periodista para casarme con un príncipe”, pero señores, pocos niños se encontrarán que les digan: “de mayor quiero ser escritor”.
Pues bien, la vocación de poeta, novelista, redactor, etc., es algo que parece va dando la edad. Probablemente surge a la vez que algunos van descubriendo que a las mujeres nos enamoran los poemas y las bellas palabras (es decir, para ligar), o en el momento en que se ha leído ya a varios autores, y uno/a, termina por querer parecerse a aquéllos cuyas palabras tanto admiró. También está el caso de los que simplemente necesitan expresarse o desahogarse, y encuentran en la palabra escrita un buen medio para semejante fin.
Si me preguntaran a mí, no, yo no quiero ser escritor/a , pero escribo si me da la gana (cualquiera me replica tras esto). No creo que exista manera mejor para el desahogo.
Cuando uno/a está rabioso o triste, melancólico o pletórico, uno/a recurre a los gritos (sean en abierto o en el silencio), a las metáforas, a las solicitudes de apoyo por parte de otros.
Pongamos que alguien le insulta descarada e impresentablemente, por ejemplo, llamándole “retrasado/a mental” o simplemente deseándole la muerte, y todo ello de manera gratuíta. Sin duda ese alguien le estará cargando…La cosa empeorará si encima dicha persona atenta contra la facilidad de palabra de usted, burlándose de su retórica. Ante tales casos, en mi opinión siempre resulta mucho más adecuado el hecho de responder con una fina ironía a tiempo, que no a base de palabrotas lanzadas cual cuchillos a diestro y siniestro. Porque por supuesto que es más fácil decir: “hijo de la grandísima Puta, ahora sí me has cargado, por ahí te pudras”. Pero resulta muchísimo más exquisito, a la par que educado, respirar bien hondo, camuflar tus sentimientos y expresarte tal que así: “No, no encuentro que éste sea el momento de entrar en un duelo dialéctico con usted, aunque su facilidad de palabra, así como su impecable demostración del buen uso del castellano, hacen que su indirecta invitación me resulte de lo más tentadora y difícil de rechazar.
¿Nos estaríamos desahogando en ese caso? Por supuesto.
¿Demostramos elegancia? Siempre.
¿Pretendemos molestar? ¡Por supuesto que no!, pero como todos ustedes comprenderán, por algún lado hay que sacar la MIERDA.

Mi vida con César

Este texto no es de mis favoritos, pero ya se me va acabando el repertorio, así que aquí va. (en unos 1500 años escribo otro! :P )


Mi vida con César

César y yo vivimos juntos durante casi diez años. No me imagino la vida sin él, siento que ha estado a mi lado desde siempre.
Al principio era muy dulce y siempre me hacía reír. Hasta que un día, a menos de un año de convivencia, sucedió la primera agresión; no fue muy fuerte, pero me dolió y, casi sin pensarlo, le devolví el golpe. Él se quedó mirándome descolocado, evidentemente, no se imaginaba que era capaz de defenderme. Pero, ante mis respuestas, se encolerizaba más y todo se salía de control. Así que no le di demasiada importancia al asunto y opté por ignorar sus ataques de violencia, porque eran parte de él, era su esencia, y yo sabía que nunca sería capaz de hacerme daño realmente.
Todos quienes lo conocían lo encontraban encantador, pero Inés, mi única amiga, sabía de su temperamento y alguna vez se sinceró: "Vos y tu César... no sé cómo lo aguantás..." Es que nunca pudo entenderlo, sé que siempre me consideró una estúpida por quererlo así. Nunca comprendió cuánto necesitaba su compañía; y es que, cuando no estaba enojado, podía ser tan dulce como en los primeros tiempos, despertarme a la mañana con una canción, hacerme reír... y yo estaba tan sola...
Yo lo aceptaba como era. Y tal vez fue por eso que siempre le perdoné todo: porque él era el único que me aceptaba tal cual soy. ¿Por qué la violencia? Nunca lo entendí, él era muy difícil de comprender, se me hacía imposible entrar en su mente y leer sus pensamientos. Cómo me hubiera gustado poder hacerlo, especialmente cuando, por cualquier pequeñez, montaba en cólera y comenzaba a atacarme. Pero los momentos de afecto y alegría me hacían olvidar sus tontas agresiones.
Cuando enfermó sentí que mi alma se estrujaba. Lentamente, había ido perdiendo su carácter, y siempre estaba cansado y sin apetito. Pasó poco tiempo antes de que supiera de su enfermedad. Él nunca supo lo grave que era, pero el doctor Valman me había dicho la verdad, aún recuerdo sus palabras “No hay forma de saber si el tratamiento va a funcionar, hay que esperar”; le hablé de internarlo, pero me respondió que no haría diferencia.
Una noche, César estaba especialmente mal. Temerosa de lo peor, llamé a Valman: “Si mañana sigue igual, lo llevamos a la clínica”, me respondió. Pero el tono de su voz no hizo sino intranquilizarme aún más.
Intentando disimular mi angustia, entré al cuarto de César, pero lo hallé profundamente dormido. Me descubrí llorando: "César, no me hagas ésto, te necesito, no me dejes" murmuraba para mis adentros. "Te quiero, César" y las lágrimas corrían por mi rostro.
Siempre supe que, posiblemente, la diferencia de edad lo haría partir antes que yo, pero no estaba lista para ésto, aún no, no resistía la idea de perderlo.
Me llevé una reposera a su habitación, y me recosté sin hacer ruido.
Finalmente, el sueño me venció. Desperté como tres o cuatro horas más tarde. El cuarto estaba en penumbras. Yo estaba de espaldas a él. Intenté darme vuelta: no me atrevía; tenía terror de ver sus brillantes ojos negros cerrados para siempre.
Me revolvía en la reposera, sin hallar el valor para mirarlo. Pero él vio mis movimientos, se dio cuenta de que estaba despierta.... y me dedicó su canción, la misma que me había cantado por casi diez años. Me di vuelta en un segundo: "¿César?... ¡César!¡Estás bien!" Fui hasta el comedor y llamé al doctor Valman: "Hola doctor, soy yo, la dueña de Ave César, el tortolito; está despierto... ¡y cantando!" "Ah, entonces era una infección" me respondió, "Si ya está contento, no se preocupe, se va a recuperar del todo".
Mientras hablaba con Valman, Ave César se había acercado con su cola desplegada en abanico y, dejando caer las alas, le hacía su gracioso bailecito a mis pies, intentando seducirme. Como siempre, me hizo reír. Luego voló a mi falda y se dispuso a seguir durmiendo."Ah, no señor, no se acomode que yo me voy a la cama"; pero, cuando intenté agarrarlo para llevarlo al lavadero (su cuarto privado) la emprendió a aletazo limpio, tratando de liberarse, de imponer su voluntad "¡Ay, César!¡Me dolió! ¿Tenés que enloquecerte así? Te vas a lastimar ¡Basta! A dormir".
Mientras pataleaba impotente entre mis manos, le di un beso en su cabecita azul, y me alegré de poder contar con su afecto incondicional por un tiempo más, por tener quién me haga reír, quién me dedique una canción en las mañanas.

A corazón abierto

A corazón abierto

A CORAZÓN ABIERTO

Enfrentado al temporal, con esperanza,
me hago a la mar arrastrado por el viento,
y en mi pecho brota un nuevo sentimiento
mientras sale el sol y llega la bonanza.

He limpiado de ruindaz mi corazón,
he purificado las cloacas de mi alma,
he alejado la tormenta y veo la calma
en la oscura noche de la sinrazón.

Remolino turbador que arrebatabas
a mi vida la razón de su alegría,
perturbando en el Edén su sonfonía,
mientras vengador y cruel te recreabas.

No claudicaré al chantaje del dolor,
ni oiré campanas de triunfo enloquecido,
y en mi roto corazón, triste y herido,
no tendrá lugar el odio vengador.

Yo quisiera vivir amándote, vida.
Y morir de amor: así quiero morir,
si me dejaras contigo compartir
el doble placer de hacerte mi querida.

¿Qué vale la vida si en penumbra vives
en el pozo ciego de la incomprensión,
si se oculta la impudicia y la traición
en el pan envenenado que recibes?

Prefiero ser libre, náufrago y sediento,
perdido en la mar sin norte ni destino,
que vivir seguro amarrado en el puerto
en las aguas sucias de mi desatino.
Cayetano Bretones

La rosa de los vientos

La rosa de los vientos

Hace mucho tiempo atrás cargó su mochila con sueños, ilusiones y esperanzas verdes, australes. Todo un cargamento de lluvia, bosque, viento, hojas oxidadas, leña y pan recién hecho. Sin que se diera cuenta se fueron desperdigando una a una a lo largo del camino, no era Teseo, mucho menos Pulgarcito para desandar lo ya recorrido y volver tener su cargamento austral. Ni sueños ni utopías, menos esperanza, ésta fue la última en caer de la mochila, cumpliendo así el viejo dicho de que la esperanza es lo último que se pierde. Pensado en descubrir para sí caminos antiguos de pavimento moderno fumaba retazos de sus ensoñaciones sentado en el cordón de la acera.

- ¿Tienes un cigarro?
- Toma
- Gracias, ¿y fuego?
- Quédate con las cerillas.

Un tipo de aspecto huesudo, con jersey negro, una extraña gorra blanca a tono con sus pantalones era su inusual acompañante callejero. ¿Pantalones blancos?, pensó para sus adentros, y qué antiguas esas patillas tan largas, si hasta parece un gigoló, pantalones blancos, ¡por dios¡.

- Las mujeres son un quebradero de cabeza, soltó al tiempo que hacía círculos con el humo.
- No son mujeres precisamente con lo que me devano los sesos.
- ¿Con qué entonces?
- ¿Importa?
- Si no quieres hablar lo dejamos y ya.
- Se trata de “el dorado”, de “mi dorado”, de ir en pos de el y dejar atrás….
- Soy marino, me vas a decir tú a mi lo que es dejar atrás las cosas que aprecias.
- Bueno….
- El dorado está más cerca de lo que puedas imaginar, puede hasta que ni tengas que partir para encontrarlo.
- No me vengas con esa estupidez de buscar dentro del corazón..
- No, solo te digo que abras los ojos y que sepas escoger tus amigos.
- Mmmmm, marino. ¿y en donde has estado antes?
- Muchos sitios, no me creerías.
- Inténtalo.
- ¿Tienes otro cigarro?
- No, el que te di era el último.
- Si era el último ¿por qué me lo diste?
- No lo sé, quiero creer que si doy un cigarro a quien no lo tiene cuando sea yo quien no tenga alguien me salvará con uno.
- No eres muy listo, pero tienes buen corazón, eso puede que te lleve lejos.
- Qué sabes tu.
- Sé que nadie regala nada en este mundo. Todo tiene un precio, y tu dorado también. ¿estás dispuesto a pagarlo?
- Claro.
- ¿Y si no das la talla?
- Si no lo intento nunca lo sabré.
- Buena respuesta.
- El problema es que estoy a medio camino, todo ha sido cuesta arriba y ya no me quedan ni fuerzas ni ganas de seguir.
- ¿Qué opciones tienes?
- Todo cuesta arriba pero ahora voy descalzo.
- Solo te digo una cosa, sentado no lograrás mucho.

Se puso de pié, estiró las piernas y luego se quedó en cuclillas justo frente a el. Si tu dorado te lleva a Buenos Aires pregunta por el bar “la niña de Gibraltar”. Le estrechó la mano para despedirse y él sintió un frío círculo de metal en la palma, bajó la vista para ver la pequeña brújula que el marino dejó en su mano. Cuando quiso agradecerle ya no estaba.

Se quedó pensando en el extraño encuentro con el marino, sentado no lograrás mucho. Se puso de pie y fue directo a su cuarto a preparar su mochila, partiría ese mismo día sin esperanzas verdes, ni lluvia ni bosque, ni hojas oxidadas ni leña ni pan recién hecho pero con una pequeña brújula.

"Érase Quesera II"

"Érase Quesera II"

Cuando Quesera no estaba con Perchén, era porque estaba con Lolo, un muchacho de doce años, al que admiraba y respetaba muchísimo por su increíble iteligencia (entre otras cosas). Quesera opinaba que Lolo tenía razonamientos de chico de quinceavo curso (si es que tal cosa existía, porque la muchacha, que cursaba segundo, no tenía muy claro qué era lo que venía después del octavo curso).Era evidente que Lolo disfrutaba con la compañía de Quesera porque ésta le hacía reir. A Loló también le unía una gran amistad con Perchén, que era tan gracioso y divertido.
Daba gusto encontrarse con Perchén y Lolo por ahí, sumidos en una de sus profundas conversaciones, cuando nadie diría que les separaban tantos años de intervalo generacional, de no ser evidente por la diferencia de estaturas (hay que decir que para colmo, Perchén era un niño muy bajito para su edad, mientras que Lolo era el más alto de su clase). Quesera disfrutaba a menudo observándolos sin que ellos se dieran cuenta, y se decía para sí misma mientras sonreía: "Lolo y Perchén, éso sí que suena bien..."
A veces, a la salida de la escuela, se juntaban los tres amigos para volver juntos a sus respectivas casas, mientras charlaban distendidamente. Formaban un grupo de lo más heterogéneo, aunque lógico, ya que Lolo era un chico demasiado profundo y melancólico, que a menudo necesitaba a alguien que le hiciera reir, trabajo para el que tanto Perchén como Quesera, estaban más que cualificados. A Quesera a veces se le antojaba que Lolo era uno de esos genios que aparecen una o dos veces cada cien años y terminan suicidándose por falta de comprensión o amor a la edad de treinta y cinco, dejando tras de sí una serie de magníficas obras que le convierten en inmortal.
(Querido lector, ¿se asombra usted de que Quesera no pensara que Perchén fuese otro genio?, pues no se me asombre que, como ya señalé anteriormente, Quesera opinaba que Perchén era un niño superdotado, y, señor mío, tanto a mi entender como al de Quesera, eso no tiene ningún mérito.)
De camino a casa se solían encontrar con Jaime el jardinero, trabajando siempre en alguno de los preciosos jardines que las gentes dejaban a su cuidado. Entonces, los tres colegiales le saludaban alegremente, él les contaba alguna de sus divertidas anécdotas, hasta que Loló y Perchén decidían continuar su camino, dejando allí a Quesera, que tenía la costumbre de quedarse un ratito más hablando con Jaime.
A pesar de que no le había resultado fácil (le había costado algún berriche y pataleta que otro reclamando su atención), Quesera había conseguido hacerse muy buena amiga de Jaime y que éste la apreciara y la tuviera en cuenta realmente. Se podía decir que a estas alturas del cuento, Jaime era el mejor amigo de Quesera y viceversa. Confiaban plenamente el uno en el otro, y se contaban todas sus penas, preocupaciones, logros y anhelos.
Él era la única persona que realmente la trataba como a una chica mayor.
Jaime tenía el sueño de ganar el suficiente dinero para irse a Estados Unidos a aprender "Negocios", donde conseguiría un buen puesto en una multinacional. Pero Quesera sabía que aunque su amigo sería capaz de conseguir todo aquello que se propusiera, no aguantaría el pasar demasiado tiempo lejos de Ansarme del Tuérnamo, donde tarde o temprano regresaría y se haría famoso como arquitecto paisajista (ella, por si las moscas, ya le había mirado por Internet una buena academia en Madrid).
Además de todo, Quesera sospechaba que Jaime estaba secretamente enamorado de Toni (su bella hermana), y aunque sabía que a Toni no le desagradaba el muchacho, pensaba que ella estaba demasiado ocupada con tanto pretendiente, y nunca se enamoraría de él.
Sí, Toni no sólo había sido la chica más guapa de Rindormo, sino que ahora también lo era de Ansarme del Tuérnamo, aunque apenas se le viera el precioso pelo por allí.
Jaime, sin embargo, aunque era un muchacho bastante guapete y atractivo, siempre se estaba quejando de tener poco éxito entre las féminas, lo cual no dejaba de asombrar a Quesera, que lo achacaba a su timidez y falta de palabras cuando una chica guapa se hallaba cerca. A Quesera esas cosas le causaban sentimiento de impotencia, y opinaba que si ella tuviera dieciséis años se habría enamorado profundamente de él. A Jaime le hacían mucha gracia las cosas de Quesera, y se sentía muy halagado.

(Continuará...)

"Érase Quesera" I

"Érase Quesera" I

(Lo voy a pegar por capítulos, para que no se haga tan larga la lectura).
Érase Quesera, una fantasiosa y alegre niña de siete años que siempre quería jugar.
Quesera disfrutaba de una infancia feliz, junto a sus padres y la bella Toni.
Toni era la hermana mayor de Quesera, tenía 16 años y siempre había sido la muchacha más hermosa del pueblo (Rindormo). Tanto Quesera como Toni se caracterizaban, entre otras cosas, por poseer un nombre poco convencional. En el caso de Toni, la cuestión estaba clara, sus padres le habían puesto Antoñita como la abuela, y como a la hora de la verdad no resultaba demasiado agradable ni moderno, la llamaban Toni. Siempre había algún listo que le decía: - Pero ese es nombre de chico.- Cosa que a Toni le encantaba. Quesera ya era otro tema; en el colegio siempre estaban haciendo bromitas con su nombre, que si vendía o hacía queso, que si de mayor sería la mujer del quesero, etc… Pero Quesera tenía tanto sentido del humor, que disfrutaba de las bromas realizadas a costa de su peculiar nombre, riéndose junto a sus compañeros. Pero claro, eso resultaba más fácil cuando una sabía que la habían llamado así porque sus padres adoraban el mundo de los cuentos, y Quesera, era una palabra que salía en casi todos los cuentos.
Un buen día se mudaron a un pueblo vecino, “Ansarme del Tuérnamo”, ya que los padres de Quesera habían comprado una casa mejor y más grande.
La llegada a la nueva casa estuvo muy bien, a Quesera le encantó en seguida, por primera vez disfrutaría de una habitación para ella sola, en una casita con escaleras (siempre le habían impresionado las escaleras). En cuanto a los alrededores, eran frondosos, llenos de árboles, arbustos, plantas, flores… Sin duda aquello se asemejaba a la idea que la niña tenía del paraíso (a pesar de que el verde de las plantas era como demasiado claro.
Toni, por su parte, no se encontraba tan emocionada con la llegada al nuevo hogar. Sin duda su mente aún estaba con todos aquellos pretendientes que habían acudido a despedirla llorando desconsoladamente (a Quesera ya nunca se le olvidaría la cómica imagen de tanta varonil plañidera, berreando mientras el coche de la familia se alejaba).
Como la zona parecía tranquila, Quesera no tuvo dificultades con que la dejaran salir a inspeccionar el terreno. En una casa cercana descubrió a un apuesto joven de 16 años que le dijo que era el jardinero, que se llamaba Jaime y, aunque parecía muy ocupado, fue muy agradable con ella. Quesera vio algo en él que no habría sabido explicar, pero en seguida supo que no sólo quería, sino que conseguiría hacerse amiga de él, costara lo que costase.
El paseo resultó de lo más productivo, todavía le dio tiempo a conocer a dos o tres personas más, cuando decidió volver a su casa y descansar de tantas emociones.
Los días iban transcurriendo mientras sus padres trabajaban, Quesera iba al colegio, y Toni siempre andaba fuera.
Quesera en seguida hizo amistades en la nueva escuela, donde lo solía pasar bien y aprendía bastante. Se llevaba bien con María, la cual presumía de ser “Ninfómana”, pero Quesera siempre sospechó que al igual que ella, su amiga ni siquiera conocía el significado de tal palabra. El día que se decidió a buscarlo en el diccionario, definitivamente verificó que María no tenía ni idea, que tal vez creyera que la cosa tenía relación con las Ninfas del bosque.
También hizo buenas migas con Clara (una chica muy guapa que era hija del alcalde) y con Juan (el pobre era tartamudo, pero muy buen chico). Sin embargo, Quesera siempre estaba con Perchén, un niño de cinco años muy gracioso que siempre la hacía reir (todos querían a Perchén, que no tenía padres y vivía con sus tíos. Quesera sospechaba que el niño era superdotado).
Pese a que Quesera todavía no tenía ningún interés especial por el sexo opuesto, a veces pensaba que pudiera sentir algo por Perchén, que tanto la hacía disfrutar con su compañía, hasta que bajaba de las nubes y se decía a sí misma: “Pero Quesera, espabila, ¡si sólo es un crío!" sonreía, y se volvía a olvidar de todas esas tonterías de mayores."
(Continuará...)

Tambores de guerra

Tambores de guerra

En el extranjero, siempre han resultado misteriosos nuestro comportamiento temerario y nuestra lamentable historia. Nosotros lo hemos asumido sin comprenderlo: es algo tan natural como que llueva o que haga frío en invierno. Ahora que de nuevo marchamos todos juntos, compelidos una vez más a apostarlo todo a una empresa imposible, precisamente ahora que todo el país se dispone a perder otra guerra, nos corresponde a los que, aún en medio del frenesí, mantenemos un mínimo de lucidez, reflexionar acerca de las causas de nuestro proceder. Sería absurdo pretender sustraernos al influjo que moviliza a nuestros compatriotas: ya lo dije, todos marchamos juntos, irremediablemente, hacia la derrota, y posiblemente hacia la muerte. Eso es lo que sabemos, nuestro único dato seguro. Sin embargo, ni siquiera en una situación desesperada es superflua la reflexión.

El primer motivo de nuestra conducta es un proceso interno del individuo, simultáneo en todos los individuos. Todos nosotros lo conocemos. Ni siquiera merecería la pena referirse a este proceso, si no fuera porque, curiosamente, apenas se menciona. Cualquiera puede contrastar, sin embargo, su propia experiencia con las menciones que sí existen: no se conoce ningún caso en el que no hayan coincidido. Describiré brevemente el proceso al que me refiero:

El individuo empieza escuchar unos tambores imaginarios. Al principio son golpes aislados, que quizá puedan confundirse con algo que se cae, etc. La frecuencia de los golpes va aumentando, sin embargo. Acaban formando una sucesión uniforme, con intervalos que dependen del individuo: suele variar entre uno y dos segundos. Se ha dicho que estos tambores son una llamada irracional e irresistible hacia la guerra. Creo que este juicio es cierto en esencia, pero inexacto. La guerra es un concepto muy amplio: implica un objetivo ajeno a ella misma (un objetivo político o económico) y una serie de normas (no me refiero a las distintas "normas de conducta" que se han propuesto a lo largo de la historia, sino a normas que definen lo que es y lo que no es guerra). Mi opinión es que los tambores son una llamada irracional e irresistible hacia el combate. Otros, seguramente, cambiarían "combate" por "saqueo": no dejarían de tener razón, sólo sería un enfoque ligeramente distinto del mismo fenómeno.

Como ya se ha dicho, esta llamada que recibe el individuo, es un proceso que se repite en todos los individuos de la nación. Por lo tanto, y obedeciendo esa llamada, nos armamos y marchamos al combate. Lo normal es que tengamos dificultades para dormir, incluso para descansar, hasta que hayamos combatido.

Haré un inciso para poner en su lugar ciertos disparates que se dicen o escriben acerca de este tema. Por supuesto, no existe ninguna trama policial en todo esto. No hay ninguna conspiración del gobierno para hipnotizarnos, ni nada por el estilo. ¿Acaso alguien ignora que lo mismo que ahora sucede sucedía mucho antes de que se inventaran las técnicas modernas de propaganda? Además, culpar al gobierno es confundir causa y efecto. Si el gobierno desea la guerra, si dispone lo necesario para que nos armemos y marchemos al combate, esto se debe sencillamente a que también sus miembros, como ciudadanos de la nación, oyen los tambores. ¿No marchan hoy a nuestro lado, después de haber promulgado las leyes?

No he revelado nada que no se sepa, aunque no se hable de ello. En este momento, nos encontramos con dos incógnitas:
¿Por qué un proceso psicológico concreto se produce simultáneamente, cada cierto tiempo, en todos los individuos que residen dentro de los confines de una nación?
¿Por qué nadie se plantea la rareza de esta circunstancia?
No hemos podido (hasta ahora) contestar directamente a la primera pregunta. La segunda quizá sea un buen camino indirecto para indagar. Quizá sea el único camino.

Ahora marchamos todos juntos, con nuestra sed de combate (innegable, incontrolable), pero también con las claves para entenderla. Sabemos que nuestras pesquisas no cambiarán nada: perderemos la guerra, pues nuestra única estrategia es combatir cuanto antes mejor. Perderemos (de nuevo) todas las alianzas que mantenemos con otros países, pues nuestra furia no distingue aliados de enemigos. Nos espera la muerte, o volver a un país devastado y empobrecido. Nadie ignora que si no muere en esta campaña, morirá en la siguiente, y que sólo es cuestión de suerte. En fin, sé que habrá momentos en los que el más lúcido entre nosotros pensará que da igual preguntarse por qué, si lo importante (lo que ahora nos parece importante) es incendiar edificios y matar a sus ocupantes, atacar ejércitos enemigos, teñir paisajes de rojo. Sin embargo, ¡merece la pena intentarlo! Quizá alguno de nosotros llegue a comprender por qué tenemos que morir en la guerra.

El poder de la conciencia

El poder de la conciencia

EL PODER DE LA CONCIENCIA

Mientras paseaba por una calle periférica de la capital, me llamó la atención un pequeño rótulo perdido entre una veintena de anuncios pegados en la puerta de un establecimiento, en el que decía:
“Se hacen limpiezas espirituales de negocios y personas”.

Aunque seguí caminando, la curiosidad no satisfecha me retuvo y me hizo volver para estar seguro de lo que había leído, pues me suele suceder que mis pies no obedecen hasta tanto no resuelvo mis dudas: no terminaba de entender aquello de limpieza espiritual, y mucho menos, de negocios.
Al fin, una vez estuve frente a la puerta y releí el rótulo deletreando su mensaje, sólo para satisfacer mi curiosidad, me decidí a entrar.

Me recibió una señora de aspecto exótico, con el pelo recogido en la coronilla en forma de escoba, simulando a una cacatúa, y mi primera impresión fue la de estar ante una embaucadora convencida de que estaba prestando un gran servicio a la sociedad.

-Por favor –la pregunté-, ¿me podría decir usted a qué se refiere eso de limpiar el espíritu de un negocio? Porque si ya es difícil limpiar el espíritu a las personas, el espíritu de un negocio..... es que no lo entiendo.
-Pues verá –me respondió un tanto dubitativa, pensando tal vez en la doble intención de mi pregunta.
-No repare en nada, señora –la dije-, más bien le pregunto porque soy comerciante y todo lo que se mueve alrededor de éste mundillo, me interesa.
-Bien, pase, pase -me invitó a entrar mientras me indicaba con la mano la puerta de su despacho. Una vez sentados, frente a frente, comenzó a desgranar el secreto que, bajo su mágica dirección, conseguía liberar a cualquiera de sus remordimientos e influencias negativas.
-Hasta aquí todo perfecto, señora –la interrumpí-, pero la incógnita sigue abierta y no veo que usted me indique el camino para llegar a la verdad. Insisto: quiero saber cómo se limpia el espíritu de un negocio.
-Muy fácil, señor -me contestó ésta vez convencida de que sacaría tajada-, si usted tiene problemas personales, adopta prácticas ilegales, maneja dinero negro o defrauda al fisco, esa inquietud que le atormenta se traduce en la negación del éxito o del buen funcionamiento de su empresa, por lo que nosotros le sometemos a unos cursos de contenido psicológico que le mantendrá con energías renovadas cuando aprenda a disociar lo personal de lo meramente comercial.
-Eso puede ser cierto, señora –la dije-, pero lo que realmente cuenta es estar en paz con la sociedad y con la justicia.
-Por supuesto que sí –me contestó-, pero en la vida, como usted sabe muy bien, lo que verdaderamente nos hace sentir felices es cuando estamos en paz con nuestra conciencia.
-De acuerdo, señora, ¿cuándo puedo empezar el cursillo?
-Si usted lo prefiere puede comenzar mañana.
Goreño

CÓMO NO, GUILLERMO.

CÓMO NO, GUILLERMO.

CÓMO NO, GUILLERMO

Me ha llamado mi amigo Guillermo. Dice que le pasa algo muy raro, que tiene una hemorragia cerebral.

-Claro –le dije- y me llamas para decirme que tienes los sesos fritos, sangrantes, despachurrados, ¿no?

Tras ese primer intercambio de frases a borbotones, como “su hemorragia”, pude entender un poco lo que le ocurría: no era capaz de detener su mente. Le salían por las orejas cuentos, personajes. Estaba agobiado. Más tarde, decidió que lo que sufría era un brote maníaco.

-Me he quedado despierto toda la noche porque necesitaba narrar muchas cosas... se me narraban solas -decía.

-Chico, tranquilízate, eso es bueno, ¿no?

No, decía que no era bueno, que su ordenador mental estaba a tope, que era necesario añadirle más gigas... eso, que no controlaba su instinto creativo, que se le había desbocado el pensamiento... y yo, que acababa de leer “El hombre que confundió a su mujer con un sombrero”, le dije:

-Oye, eso me suena a síndrome de Tourette.

-¡Vete a la mierda! -me contestó, es la primera vez que Guillermo me contesta así, no es su estilo.

-Cálmate - le repetí, sin importarme caer en la redundancia.

Pensé que lo mejor era ir a visitarlo.

Cuando me abrió la puerta, traía un folio en las manos:

-¿Te leo un cuento? -me dijo sin más.

Sí, realmente está hecho unos zorros.

Hemos hablado largo y tendido... es decir, ha hablado y yo he escuchado.

Le di un masaje en los pies, sé que le gusta. Se relajó mucho. Entonces, para variar, lloró y yo, que nunca llevo pañuelo, tuve que recoger sus lágrimas con el torso de mis manos... ¡siempre me llora Guillermo!

-Yo te entiendo, Willy. Has estado en dique seco, atrofiado, descuajeringado.

Mi amigo Guillermo asentía con la cabeza, los ojos muy abiertos, hinchados por el llanto, como dos tomates con pupila. Yo continuaba, ahora en monólogo:

-Y no te pregunto por qué, tú sabrás, ¡eres tan hermético!

Se encogió de hombros. Claro, entiendo: si uno es hermético, sólo a través de las lágrimas puede comunicarse, y los amigos, ¡a hacer cábalas! A despejar ecuaciones de segundo grado donde “x” o “y” son las penas de Guillermo.

-Guillermo, yo no soy Pitágoras, mi niño.

-Ya lo sé –admitió triste. Entonces, decidí ser Pitágoras, Tales de Mileto, o incluso Freud, sólo para él:

-Mira, mi amigo Ahora, se ha abierto una compuerta y tiene que drenar. Tus fantasmas, tus molinos, tus realidades, tus mierdas buscan un objeto donde materializarse...¿sabes qué es la obsesión? Pues simplemente una defensa de la ansiedad, así, como te lo digo. Lo tuyo funciona de la misma manera: quieres echar a cabalgar todo a lomos de corceles, magos, estrellas, neuróticos, sibemoles, vencejos y estatuas, ¡extraña tu simbología! Es como la alergia. Una reacción desmesurada... mi querido Guillermo, esta noche, me quedo a dormir contigo. Esta noche eres un niño. Imagina que soy tu perrito de goma dura y fría que te acompañaba a las doce, a la una, a las dos, a las todas, hasta que llegaban los odiosos mirlos, con la amanecida... los odias, ¿verdad? Al fin y al cabo, son pájaros negros, como los cuervos. No te sientas mal por odiarlos.

Guillermo me ha dicho: “Por favor, ¿te importaría abrazarme?” Yo le he contestado: “cómo no, Guillermo”.